Hormonas en Guerra: Sobrevivir a los 40

Hormonas en Guerra: Cómo sobrevivir a los 40 sin perder la cabeza

¡Ay, las hormonas! Esas pequeñas dictadoras internas que, a partir de los 40, deciden que nuestra vida necesita un poco más de emoción… o de caos, según el día.

Porque, claro, hasta ahora todo iba más o menos bajo control: un poco de síndrome premenstrual aquí, una lagrimita viendo anuncios de perritos allá, y poco más.

Pero llega la perimenopausia y de repente, sin saber cómo ni en qué momento, nos convertimos en una mezcla explosiva de héroe de acción y villana de telenovela.

Personalmente en mi caso, si algo me tiene desconcertada en esta nueva etapa son los cambios de humor drásticos que tengo, ¡me descolocan!

Malditos cambios de humor

Un día me levanto sintiéndome la reencarnación de una diosa griega, lista para comerme el mundo. A las dos horas, estoy llorando porque se me ha caído una cucharilla al suelo. Y por la tarde, alguien me pregunta «¡Qué tal?» y siento una rabia irracional digna de un episodio de «Mujeres al borde de un ataque de nervios».

Nos convertimos en una mezcla explosiva de héroe de acción y villana de telenovela.

Y lo peor es que soy completamente consciente de ello, pero no puedo hacer nada. Es como ver una película de terror en la que eres la protagonista y el monstruo al mismo tiempo.

¿Y qué me decís de la ansiedad?

Ahí está, instalándose en nuestra mente sin pagar alquiler de manera indefinida. De repente, todo da miedo. ¡Todo! El futuro, el presente, la factura de la luz, el «y si me da un sofoco en el supermercado»… La mente se convierte en un Google mal programado que solo te sugiere los peores escenarios posibles.

El insomnio es otro regalo sorpresa.

Porque dormir bien ya es cosa del pasado. O te despiertas sudando como si hubieras corrido una maratón, o te pones a pensar en qué estará haciendo tu ex de hace 20 años.

Totalmente aleatorio y sin sentido. Mientras tanto, tu pareja (si la tienes) duerme como un tronco, ajeno a tu drama nocturno. ¡La injusticia hormonal femenina!

Y luego está la famosa niebla mental.

Vas a la cocina a por algo y cuando llegas te quedas mirando al infinito preguntándote qué demonios ibas a hacer. Ah y otra cosa: ¡Bienvenidas al maravilloso mundo de perder el hilo de tus propias conversaciones! Eso queda fenomenal cuando estás a mitad de una reunión importante con un cliente, o cuando estás haciendo una exposición en el trabajo; de momento te quedas en blanco sin saber muy bien que estabas diciendo y por qué.

Porque dormir bien ya es cosa del pasado

El problema es que la sociedad nos dice «exageradas». Que si estamos «sensibles», que si «será que tienes la regla»… No, guapis no. Lo que pasa es que tenemos una revolución bioquímica en el cuerpo y estamos intentando no perder la cordura en el proceso.

Pero aquí va la buena noticia chicas: podemos aprender a vivir con ello. Humor, amigas y paciencia (mucha paciencia). Hablarlo, compartirlo y no sentirnos solas en esto. Sobre todo hablarlo, y no tener miedo de que nos tachen de nada.

El problema es que la sociedad nos dice «exageradas». Que si estamos «sensibles»…

Porque si algo nos queda claro después de los 40 es que somos mucho más fuertes de lo que pensábamos. Y si hemos sobrevivido a los 80 sin Google Maps y a los 90 con pantalones de tiro bajo, ¡esto también lo superamos!

Así que, queridas compañeras de batalla hormonal, brindemos por nosotras. Por nuestra paciencia, por nuestras risas en medio del caos y por saber que, pase lo que pase, siempre tendremos una excusa perfecta para comernos un trozo de chocolate sin remordimientos. 

De hecho, ahora mismo voy a ello.

Mónica ❤️

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