los días de mierda

[diariodeunarubia40+] – Martes 25 de Febrero 2025

Los días de mierda.

Hay días en los que todo parece ponerse cuesta arriba. ¿He dicho «cuesta arriba»? Espera, he sido demasiado políticamente correcta. Comienzo de nuevo.

Hay días en los que todo se convierte en una maldita expedición al Everest sin oxígeno, sin sherpa y con chancletas en vez de botas de trekking. No es cuesta arriba, es un ascenso imposible donde cada paso es una nueva prueba de resistencia física y mental.

Te despiertas en la mañana y, desde el momento que abres los ojos, sientes que algo está mal. No sabes qué, pero lo sabes. Quizás sea la alarma que ha sonado tarde, tu precioso gato que te usa de trampolín o ese vago recuerdo de que olvidaste algo importante (spoiler: por supuesto lo olvidaste y además era importante).

Te levantas con la misma agilidad de un tronco mojado y, antes de que puedas reaccionar, pisas una pieza de lego o un charco misterioso cortesía de tu mascota.

Ahí ya sabes que el día ha arrancado con toda la mala leche posible.

Sigues adelante, claro, porque la vida no te deja otra opción. El café se te derrama en la camisa que acabas de estrenar, tu pantalón favorito ha decidido encogerse mágicamente durante la noche y tu peinado tiene la rebeldía de un adolescente con crisis de identidad.

Sales a la calle,  empieza a caer el diluvio universal y piensas: -¿Y mi paraguas, donde está?-  Justo en ese mismo momento recuerdas que la semana pasada lo dejaste dentro del coche pensando que ya no te haría falta más.

Y, además precisamente ayer, aparcaste el coche a dos manzanas de tu casa diciéndote a ti misma que caminar unos pasos extra era una buena forma de hacer más ejercicio. ¿En serio? ¡Fuck! ☠️

El tráfico se convierte en un campo de batalla, y en el trabajo te esperan con «urgencias» que claramente podrían resolverse con un poco de sentido común.

Respiras hondo y con la paciencia de una monja tibetana, sigues adelante.

Los días de mierda (como yo les llamo) son esos días en los que todo conspira en tu contra, en los que cualquier comentario te suena a provocación y hasta el sonido de la tostadora te irrita. Esos días donde lo único que quieres es una pausa, pero en su lugar te caen un puñado extra de problemas sin previo aviso.

Pero, al final, entre quejas y suspiros, se te pasa. Como siempre.

Porque si algo tenemos claro después de los 40, es que hemos sobrevivido a cosas peores. Y por supuesto, mañana será otro día y, con suerte, el café no se derramará encima, los zapatos no decidirán torturarte con rozaduras, y el mundo parecerá un lugar menos hostil.

De nuevo tendrás una oportunidad de enfrentarte al mundo con la dignidad de una reina o, en su defecto, con una risa sarcástica y un buen plan de venganza contra el universo.

Y si no, pues nos pondremos las gafas de sol, respiraremos hondo y seguiremos adelante, porque al final, hasta los peores días pasan y nos dejan historias que contar.

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