El arte de pensar en dramas que nunca pasarán
Si alguna vez te has sorprendido practicando el noble arte de anticipar en tu mente catástrofes que nunca pasarán, bienvenida al club.
Porque no se tú, pero yo si algo hago realmente bien, es imaginarme todo lo que podría salir mal. Y no solo eso, sino darle vueltas hasta que el problema ficticio lo sienta más real que la hipoteca 😑.
- ¿Mi pareja no me ha respondido al mensaje en diez minutos? Seguro que ya está planeando huir con alguien que ni si quiera sabe cocinar.
- ¿Mi jefe me manda un correo diciéndome si “podemos hablar mañana”? Está claro: ya está redactando mi carta de despido y ¡hasta luego Mari Carmen!
- Y ni hablar de cuando empiezo a buscar en Google «dolor de estómago leve» y acabo convencida de que tengo algo que solo se ve en documentales médicos. Spoiler: No es nada más allá del café que me he tomado con el estómago vacío, que va a hacer que vaya al baño corriendo.
Tu propio teatro mental te agota la energía por completo
Ya te avanzo, por experiencia propia, que estar continuamente imaginándote lo peor no es un superpoder, es más bien un castigo autoimpuesto. En general a las personas (y sobre todo a las mujeres) nos cuesta muchísimo entender que el 90% de nuestras preocupaciones solo existen en nuestra cabeza, como esos vestidos que nos compramos por impulso y luego nunca usamos.
Y NO, preocuparse por adelantado no ayuda a resolver problemas; más bien, nos deja sin energía cuando llega el verdadero drama y tenemos que actuar de verdad.
Tampoco ayuda absolutamente nada que la cultura del “debes controlar todo” nos presione constantemente. Tenemos apps para gestionar hasta los pasos que damos, pero nadie nos enseña a gestionar los pensamientos que se nos escapan sin control por nuestra cabeza al estilo “Escape Room”.
Preocuparse no resuelve problemas, solo nos aleja del presente.
Así que terminamos agotadas mentalmente, atrapadas en un CICLO ETERNO de “Y SI…”: ¿Y si me olvido de algo importante? ¿Y si cometo un error? ¿Y si alguien piensa mal de mí?… (Spoiler: a nadie le importa tanto como crees).
El «¡BASTA YA!» que necesitamos.
Pero hablemos en serio: imaginar escenarios catastróficos y pensar en dramas que nunca pasarán puede parecer inofensivo, pero con el tiempo se convierte en una carga emocional pesada. Nos quita tiempo, energía y, lo más importante, paz mental.
Y aunque hacer bromas al respecto nos ayuda a aligerarlo, también debemos ser conscientes de cómo afecta nuestra salud. Porque al final, preocuparse no resuelve problemas, solo nos aleja del presente.
Y eso es justo lo que más necesitamos: estar aquí, ahora, disfrutando del café antes de que se enfríe y de las pequeñas cosas que sí están bajo nuestro control.
La vida sigue: con o sin dramas imaginarios.
Querida lectora (y también querido lector, si estás por aquí), la próxima vez que tu mente empiece a escribir el guion de una telenovela que nadie te pidió, recuerda que no tienes que participar en todas las historias que tu cabeza invente.
La vida ya es suficientemente complicada por si sola, como para hacernos cargo también de problemas que solo existen en nuestra imaginación y que poco tienen que ver con la realidad.
Así que coge esa taza de café, respira profundo y suelta lo que no puedes controlar.
Al final, siempre hay algo por lo que reír, incluso si son nuestras propias paranoias. Y eso, amiga mía, también es un arte que vale la pena practicar.
Mónica ❤️
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